miércoles 4 de noviembre de 2009

Nueva política informativa


Una vez alguien me dijo que los problemas hay dos maneras de afrontarlos: amargándose y hundiéndose en ellos o bien encararlos con filosofía y, si se puede, buen humor. Los amigos del blog ya conocen sobradamente la historia del rellano en el que vivimos, y las labores de las vecinas del 6ºA. Visto que las 'estudiantes' tienen pinta de ser muy malas estudiantes , que van a repetir curso hasta la extenuación y no van a cambiar de piso, la cuestión que se nos plantea ahora mismo es de índole informativa.

El martes salimos a media tarde para hacer unos encargos, llamamos al ascensor, se abre la puerta y sale un tipo trajeado con el típico dietario de ejecutivo. Al salir no nos mira a la cara, y en principio se dirige al A, pero a los dos pasos y se da cuenta de que estábamos allí cuatro personas: los dos enanos, mi santa y el mendas. El tipo se pone colorado como un tomate, abre el dietario, se da la vuelta y hace como si lee algo, mira a la letra del A, luego al B, no nos mira a nosotros y directamente se para delante de nuestra puerta, ve que es el C , se detiene en la puerta que lleva a la escalera y los trasteros, busca una letra ¿la D?, no la encuentra, pasa una página del dietario, resopla, hace como que no encuentra no sé qué, y mientras nosotros nos metemos en el ascensor, disimula y hace ademán de irse hacia otro lado. Peeero mientras se cierran las puertas se ve claramente por el cristal de la puerta que el sujeto se vuelve a paso rápido y va directo al A. En resumen, cliente cazado in fraganti, y carcajada que la oyeron desde Soria mientras bajábamos a la calle. Dramático.

Lo de la nueva política informativa viene por 'despistados' como este ejecutivo que a las seis de la tarde tenía que hacer 'importantes gestiones', pero sobre todo por lo sucedido el fin de semana. Entre sábado y domingo por la noche media docena de personas llamaron erróneamente a nuestro telefonillo, y no lo hicieron precisamente a las 10 y media de la noche, más bien tirando a dos y media-tres de la mañana, cuando estás plácidamente dormido, y a esas horas un telefonillo, teléfono o móvil no suelen ser síntoma de buenas noticias. No contestamos a ninguno, salvo al último. Cuando ya te han despertado tres veces, a la cuarta saltas, coges y les dices que como vuelvan a llamar bajo y te reviento la cabeza a leches. No hubo más toques al portero automático.

Visto que las profesionales del A no tienen pinta de marcharse ni de cesar en su actividad, por lo menos que molesten lo menos posible, sobre todo para aquellos clientes que todavía no saben distinguir entre la C y la A. Por eso nos hemos planteado colocar carteles informativos en el rellano, con toda la información, incluso con los diferentes medios de pago (tarjeta, etc). En un primer momento pensamos en hablar con el del B y organizar unos turnos, colocar una silla en el rellano y, si llega alguno despistado...
-Qué majo, ¿se te han olvidado los apuntes y vienes a ver si te los pasan las del A? El ascensor a la izquierda, a disfrutarlo.
Pero claro, primero están los horarios, después que puede ser demasiado tiempo, el fresquito del invierno, que los que vienen por apuntes no tengan su mejor día... quién sabe. Así que en breve comenzaremos con la nueva política informativa en el rellano. Concisa y clara. Más cerca del ciudadano, con información servicio 100%.

El modelo elegido de momento es el que ilustra el post, si alguien tiene sugerencias el blog y el vecino del 6ºB se lo agradecerán.

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Un modelo de cartel

martes 3 de noviembre de 2009

Prometí no volver, pero...


El pasado 20 de junio, después de ver mucho peligro, de sufrir como todos los años y de terminar con una sensación apoteósica después de conseguir la plata prometí no volver a la Quebrantahuesos. Si, esa marcha por el Pirineo de 205 kms y cuatro puertos que se corre la tercera semana de junio para la que nos preparamos todo el año.

La cosa es que prepararse durante todo el año, luchar por un objetivo, disfrutar entrenando, sufriendo también y montar en bici es la cosa que más me apasiona de esta vida. Y como soy tonto, pero profundamente tonto, este año he vuelto a caer. Hace un par de meses mandaron la mítica carta de te esperamos el día... ahí ya nos pusieron los dientes largos. Ayer se abría el plazo de inscripción, y esta mañana ya he mandado el mail. Soy el 781 de los preinscritos, ahora a ver qué depara el sorteo y si entramos entre los 8.000 elegidos.

Sé que soy bobo, pero muy bobo, pero gracias a Dios tengo a mi lado a gente que me comprende, me quiere un montón y me apoya en estos pequeños grandes retos. El de este año es conseguir la chapa dorada, el oro. Y para eso hay que bajar de las 7 horas 55 minutos, aproximadamente 60 minutos menos que en 2009. Es difícil, muy difícil, pero los retos están para conseguirlos ¿Si?

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Ella y yo con la plata de 2009.

viernes 30 de octubre de 2009

"La vida es como un 17-21"


Desde hace 13 años mi vida profesional gira alrededor de una pelota de cuero, lana y madera de unos 105 gramos de peso a la que unos tipos golpean con la mano envuelta en esparadrapos contra una pared, un frontón. Parece absurdo, ¿verdad? es la pelota vasca, uno de los deportes con más arraigo de donde vivo y sobre la que escribo en el periódico. Un mundo apasionante.

Al poco de empezar, llevaba casi dos años, me tocó cubrir la final del Cuatro y Medio de 1997, una de las modalidades de la pelota. Jugaban el que es el mejor pelotari de todos los tiempos, Julián Retegui (11 txapelas todo frontón, 5 por parejas, 4 del Cuatro y Medio) contra el riojano Titín III. Retegui II, que estaba lesionado, llegó a tener un marcador en contra de 17-21 (los partidos son a 22 tantos). No se sabe muy bien por qué, de dónde sacó fuerzas, ni cómo tuvo la cabeza tan fría, pero sin margen de error y en una situación límite, Julián le dio la vuelta al marcador y terminó ganando 22-21 en un partido histórico, memorable, y las 2.700 personas que llenaban el Ogueta se pusieron de pie aplaudiendo a romper y atronando con el grito Julián-Julián en la grada. Aquella fue la última txapela de Retegui, con 43 años.

Al día siguiente tuve que ir a Eratsun para entrevistar a Retegui por la txapela que había conseguido, la vigésima de su carrera. Lo hice con el bueno de Javier Hernández, y en aquella conversación de hora y media larga Julián Retegui habló de todo. Del éxito, del fracaso, del espíritu de superación, de la actitud ante las cosas... y recuerdo que titulamos aquella entrevista a cinco columnas: "La vida es como un 17-21".

Nadie se acordó entonces del perdedor. A Titín esa final le marcó, le pesó y persiguió hasta 2007, cuando con 38 años consiguió por fin ganar una txapela del Cuatro y Medio y vengar aquella derrota. Lo hizo también en una circunstancia límite, días antes de la final el padre de Titín III fallecía de un ataque fulminante al corazón al presenciar una pelea. Augusto se repuso, jugó y se ganó la txapela a Barriola por 22-15.

Ayer, viernes, Titín III jugaba el que podía ser su último partido en el Cuatro y Medio. Por edad, porque tiene las rodillas trituradas (le tienen que infiltrar ácido hialurónico dos veces al año para que regenere cartílago) si no llegaba al cartón 22 y no ganaba, tenía todos los boletos para despedirse para siempre de la competición individual. Ayer Augusto las pasó de a kilo. Su rival, Olaizola I, le bajó la pelota, le buscó en el desplazamiento lateral y lo puso literalmente al borde del abismo con un 17-21. No sé qué tienen los genios -Retegui lo era-, pero Titín le dio la vuelta a algo que parecía imposible. Una volea, un saque, un fallo del contrario y un gancho para ponerse 21-21. Un cara o cruz, un ser o no ser, que terminó con una pelota de Olaizola que se fue a la chapa. 22-21, y el frontón que se cae con la gente frotándose los ojos después de ver lo que había visto. Increíble.

Mientras subía casa después de escribir la crónica me vino aquella mítica frase a la cabeza. "La vida es como un 17-21". La vida es pelear, luchar, creer en tus posibilidades, nunca bajar los brazos... la vida es de los valientes, de los que arriesgan pelean hasta el final. ¿Verdad Retegui, verdad Titín?

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La foto es un retrato que le hice a Titín en diciembre de 2007 para la final del Cuatro y Medio

martes 27 de octubre de 2009

¿Los ojos de la vida o de la muerte?



Una de las cosas que más me gusta de la guarida es ver las fotos que cada día llegan por Reuters, AFP y Efe. Alrededor de ocho mil al día, una bestialidad. Las hay de todo tipo, condición, temática, corte... uno puede encontrarse lo que quiera. En los dos últimos días Reuters ha mandado un envío especial titulado las fotografías de la década. Las imágenes son impresionantes, pero me llamó la atención que de las 105 que enviaron, en 39 salen personas muertas, en la mayor parte de los casos en guerras. Y si afinamos más, el 80% del material proviene de desgracias: conflictos, atentados, terremotos, enfrentamiento raciales... de todo menos buenas noticias.
Todas esas imágenes me trajeron a la cabeza lo que me dijo una vez una lectora del periódico: "los diarios, las televisiones y las radios sólo dais malas noticias, desgracias". En su día le respondí: "Señora, que yo trabajo en deportes y ahí sí que damos alegrías, sobre todo cuando los equipos o alguno de nuestros deportistas lo hacen bien". Pero sí que es cierto, las buenas noticias no es que abunden, y más con imágenes como éstas que siempre dicen muchísimo más que mil palabras. Pero es el mundo que nuestros fotógrafos ven ahí fuera, ¿o es el mundo que nosotros queremos que vean? Ésa es la cuestión.

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En la imagen de Damir Sogolj, de Reuters, el capitan de Marines Richard Barnett sujeta a un niño herido en Iraq.

domingo 25 de octubre de 2009

El deporte y los papás...


El otro día en el cole alguien tuvo la feliz idea de organizar un partido de futbito, con posterior e indispensable merendola, para que la gente se fuera conociendo. Los partidos de chavales de seis años, ya se sabe lo que son. El árbitro se pone en el centro de la pista con la pelota en la mano. A la derecha el A, a la izquierda el B, todos alineados como si fuera la batalla final de Braveheart. Pita y la tira al aire... a partir de entonces es un balón perseguido por 47 energúmenos, cuya único objetivo es conseguir darle una patada a cualquier precio, da igual si hacia su portería o la contraria, da igual cuántos se tropiecen o caigan por el camino. ¿Cuántos kilómetros son capaces de hacer estos chavales de seis años en 25 minutos de partido?

Lo bueno es que a esas edades la competitividad es sana, no hay malicia ni dentro ni fuera del campo. Si alguien se cae, se levanta rápido; se anima a todo el mundo por igual. Aquí no hay buenos ni malos, todos ponen el máximo, con sus limitaciones lógicas, pero el máximo porque lo que les puede es la ilusión.

O sea, tan parecido o igual que en dos casos que me vinieron a la cabeza mientras veía el partido. No son ejemplos de fútbol, pero pasan en todos los deportes. Uno, primera carrera de ciclismo amateur en Navarra hace cinco o seis años. Comienzos de marzo, nieve y frío. Subida al alto de Miravalles. El grupo se estira, los padres a pie de carretera, y yo allí tirando fotos. Un poco más adelante de mi posición un hombre busca a su hijo entre los ciclistas, que van con la cara cortada por el frío... su hijo cierra el grupo en muy malas condiciones: congestionado, con gesto torcido en la bicicleta. Mal. El sujeto empieza a gritarle fuera de sí mientras corre a su lado una decena de metros: "Vamos hijoputa, dale, dale, dale que se te van..." Aquello me llegó al alma.
Segunda. Una carrera de bicicleta de montaña en Tierra Estella hace un par de años. Noviembre. Agua y barro para dar y regalar en un circuito infernal. Los ciclistas pasan en un rosario. Uno, a los dos minutos otro, y otro...van como zombis, idos. Corren dos chicas. El padre de una de ellas espera en la rampa más dura del circuito, donde me pongo para hacer fotos. Pasa la primera, y a los dos minutos la hija de este sujeto, que era una figura de barro, sólo se distinguía una macha roja en la boca producida por las babas que le caían. La muchacha no podía con su alma. Y padre, se pone justo detrás, empieza a empujarle agarrando el sillín, trata de darle velocidad a la su hija mientras le va taladrando los oídos: que no sabes sufrir, que no sabes sufrir...Así no vas a ganar en tu vida. La chica ni miró ni padeció, siguió.

Nunca he entendido esa actitud de los padres hacia sus hijos deportistas. Supongo que serán esos mismos que piensan que tienen un Cristiano Ronaldo en casa, un Armstrong en casa, un Nadal en potencia en casa del que en el futuro sueñan con vivir a su costa. Simplemente me parece asqueroso.

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Una foto de un balón de Adidas tratada en casa.

viernes 23 de octubre de 2009

Los días bengala


Es curioso, pero los mejores días de nuestras vidas son como las bengalas, duran un suspiro. Las bodas, los cumpleaños, una celebración familiar importante, un aniversario, la licenciatura X, el día que recoges un premio, la reunión de viejos compañeros de curso... todos son como las bengalas que regalaban antes con los sobres sorpresa. Los abres, las enciendes, brillan, brillan, brillan y en 10 o 15 segundos se convierten en un palito chamuscado. Son horas superintensas, memorables, históricas pero que se nos escapan como el agua entre las manos, sin que nos demos cuenta.

Y resulta que justo lo contrario, los días cruzados, tristes, en los que se nos va alguien querido, en los que sufrimos, en los que lo pasamos mal las horas son lentas, desesperadamente lentas, parece que tienen mucho más que 60 minutos. Y lo peor de todo es que nos dejan un sabor amargo.

Supongo que quien ha inventado este juego de equilibrios entre alegrías y tristezas lo hizo a posta, con toda la intención. Imagino que ese alguien busca que valoremos más lo que tenemos, para que como todo lo bueno, lo saboreemos intensamente.

Así lo haremos mañana.

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Una bengalica de Google.

jueves 22 de octubre de 2009

Por Tutatis, 50 años


Dentro de una semana, el próximo 29 de octubre, Astérix y sus aventuras cumplen 50 años. Para los adictos a esos irreductibles galos va a ser un día especial. Yo me encuentro entre ellos. No me considero un friki de estos que tiene la habitación empapelada con Astérix, o la colcha de Astérix, calzoncillos de Astérix, o un Astérix en la parte de atrás del coche que le casca a un romano cuando va en marcha... no. Soy 'Asterixolfilo', pero de otra clase, a mi manera.

Astérix implica volver la mirada atrás, retroceder en el tiempo. Astérix fue la primera colección que me propuse terminar. Lo que conseguía ahorrar lo invertía en aquellos libros, que poco a poco iban ocupando la balda de la habitación, y que todavía siguen en casa de mis padres. ¿Cuántas veces los habré leído? Miles, cientos de miles de veces. El primero que cayó en mis manos fue Obelix y Compañía, que lo tenía mi padre en francés. Con ocho años aluciné con aquellos dibujos y aquellas historias. Empecé a comprarlos, poco a poco, con la ilusión de quien poco a poco va completando algo que merece la pena. Es curioso, pero a mí no me gustaban ni Astérix, ni Obelix, siempre fui de otros personajes. Los piratas eran mi debilidad, y en todas las aventuras lo primero que buscaba era dónde les hundían el barco. Me cayeron bien desde el primer libro. Como el herrero Esautomatix, que en todos los capítulos acababa dándose de leches con Ordenalfabetix, el pescatero, por las cosas más absurdas. Pero además Uderzo y Goscinny eran unos genios dibujando Roma, sus edificios, las legiones, el César, Cleopatra (qué nariz...), y las historias no perdían ni media viñeta de intensidad. Después conforme pasaba el tiempo cazabas otros giros de los personajes y matices de la historia, y los diálogos. Ahí nunca había puntada sin hilo.

Hasta no hace mucho tiempo siempre antes de dormir me ponía música y caían uno o dos álbumes hasta que entraba el sueño. Daba igual que los hubiera leído un millón de veces, siempre me gustaban, siempre les encontraba algo nuevo. La semana que viene cumplen 50 años, habrá que invertir en el libro del medio centenario, y quizá caiga alguno más porque los últimos no los compré. Será como volver al pasado, y volver disfrutar como antes. Por Tutatis.

Si alguien quiere un poco de poción mágica sin caerse al caldero que pinche aquí.

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La portada del nuevo libro fotografiada por Efe.